jueves, 1 de mayo de 2014

ENTREVISTA A ANTARTICOS: JOSE LUIS RINCON - DOTACION BASE PETREL 1977


Se dispuso este año, que a partir del año 2015 la Base Antártica Petrel sea nuevamente una Base Permanente. Ésta es la experiencia de un miembro de la Dotación del año 1977, a quienes les tocó al irse la difícil misión de cerrar la Base,  dado que la Base Petrel dejaba de ser una base permanente. 

Los invito a leer su relato.


Foto: Base Petrel - Verano 2014 - Autor: Juan Carlos Benavente


Nombre:  José Luis Rincon

Estudios:  Secundarios

Profesión: Pronosticador Meteorológico de la Armada Argentina.


Lic. Dora E. Gerez:

¿Podría usted ubicarnos geográficamente a la Base Petrel?

José Luis Rincon:

El destacamento Naval Petrel se encuentra en los 63º 28 minutos de latitud sur y en 56º 17 minutos de longitud oeste, en la zona de Punta Bajos, en la Isla Dundee, la misma se encuentra al este de la zona norte de la Península Antártica frente a la Base Esperanza. Separa a ambas bases el Estrecho Antartic; al norte se encuentra la Isla Joinville; al sur se halla la Isla Rosamel y al sudeste de la Isla Dundee está la Isla Paulette, lugar donde naufragó el Antartic en el año 1903, el barco que pertenecía a la Expedición de Otto Nordenskjöld.

Foto: Base Petrel. Año 2010 -  ©AIM derechos reservados

Lic. Dora E. Gerez:

¿Podría contarnos en qué año invernó en la Base Petrel y cuál era su función como miembro de la Dotación?


José Luis Rincon:

Mi invernada fue entre diciembre de 1976 hasta diciembre de 1977. Tenía la jerarquía de Cabo Segundo Meteorológo, razón por la cual mi función durante todo el año fue realizar todo lo concerniente a meteorología, como ser observaciones de superficie (viento, temperatura, visibilidad, nubes, presión, humedad, tiempo presente etc.);  como así también las mediciones de nieve caída y acumulada y las observaciones de hielo. También tuve como función colaborar con las tareas a realizar en la casa y hacer agua (derretir el hielo o la nieve para las necesidades diarias).

Foto: Base Petrel - © José Luis Rincón


Lic. Dora E. Gerez:

¿Podría contarnos, qué lo llevó a ser parte de una dotación de una base antártica? ¿cómo fue la selección?


José Luis Rincon:

La solicitud fue mas que nada por una casualidad, debido a que con otro compañero vimos que había llegado una nota a nuestro destino en la Central Meteorológica de la Base Comandante Espora y decidimos anotarnos. 

La selección se hace de acuerdo a los antecedentes de cada individuo, o sea, su conducta, capacidad profesional y en el caso nuestro al ser personal militar, se evalúa la actitud militar. 

Evaluados los antecedentes se selecciona al personal, el cual debe pasar por un riguroso test psicofísico, aquí cuenta la salud de cada uno y lo emocional y psicológico, con una apendicetomía de por medio, en aquel tiempo en la Antártida no había quirófanos.

Foto: Base Petrel 1977 - © José Luis Rincon


Lic. Dora E. Gerez:

¿Cómo eran las instalaciones de la Base? ¿qué capacidad tenía?


José Luis Rincon:

La casa donde nosotros vivimos durante el año era lo suficientemente cómoda pero no era como las demás casas antárticas o de otras bases, debido a que la casa principal, unos años atrás, la había consumido y destruido un incendio para lo cual se reacondicionó ésta y es ahí donde convivimos durante un año 15 personas que era la capacidad máxima que tenía.

En verano y hasta marzo hay muchas más personas trabajando en la base, pero ellos van a vivir a otra casa que está destinada para tal fin.

Foto: Base Petrel - Año 1977 - © José Luis Rincon


Lic. Dora E. Gerez:

¿Qué tareas se realizaban en la Base?


José Luis Rincon:

Cada persona tiene una función que cumplir acorde a su profesión, para lo cual había cocineros que obviamente su única función era esa de cocinar; había mecánicos, los cuales debían reparar y mantener los vehículos como así también la cámara frigorífica donde estaban los alimentos congelados para todo el año y un stock suficiente como para un año más, (por las dudas que no se pueda abastecer en algún momento la base) y también un sistema de calefacción; los electricistas realizaban el mantenimiento del generador eléctrico. El personal de meteorología, un jefe y un médico (en este caso el médico era personal civil y ajeno a la Armada). Todos colaborábamos en la recolección de hielo o nieve, a la que derretíamos para tener agua potable; se juntaba la basura que podía haber desparramada por la isla con el fin de preservar el medio ambiente. 

Foto: Base Petrel - febreo 2013 - © José Luis Rincon


Lic. Dora E. Gerez:

¿Podría contarnos cómo es invernar durante un año en una base antártica?


José Luis Rincon:

La vida no es sencilla, pasar un año en un lugar inhóspito requiere de mucho temple, muchas veces de mucha paciencia, debido a que la convivencia entre seres humanos no suele ser fácil, lo bueno que tuvimos nosotros fue que nuestro líder o jefe siempre nos mantuvo ocupados, siempre había algo para hacer hubiese buen tiempo o mal tiempo, los cuales eran como si estaríamos en cualquier oficina o lugar; las 8 horas de trabajo se cumplían, esto nos daba menos margen a estar pensando en lo que habíamos dejado a muchos kilómetros de distancia, como ser nuestros seres queridos, amigos, etc. etc.. 

Para aquellos que son casados y con hijos es mas duro que para un soltero. Respetábamos los cumpleaños de cada uno, en mi caso que cumplo el 12 de octubre, ese día se trabajaba normalmente, a la noche se festejaba con la torta correspondiente, una cena, y se jugaba a las cartas o a lo que había y al otro día, sí o sí había que hacer agua, limpieza de la casa y quizás por la tarde se hacía un poco de limpieza en la isla. Gracias a Dios el grupo con el cual conviví fue bastante bueno y no hubo problemas personales entre los integrantes. 

 Foto: Base Petrel 1977 - © José Luis Rincon



Lic. Dora E. Gerez:

En esa época contaban con perros en la Base. ¿qué tareas desempeñaban los perros y cómo era la convivencia con ellos?.

José Luis Rincon:

Petrel no era una base que contara con perros, si tuvimos una yunta (perr y perro) que a su ves tuvieron cachorritos, pero fue una donación que nos hicieron de la Base Esperanza, del Ejército Argentino, debido a que no servían para tirar los trineos y la convivencia con ellos era magnífica, son hermosos animales y muy mansos. 


 Foto: Base Petrel 1977 - © José Luis Rincon



Lic. Dora E. Gerez:

¿Podría contarnos cómo era la comunicación en esa época?


José Luis Rincon:

La comunicación era mas que complicada, desde Petrel salíamos por radio, la emisión podía ser a través de Ushuaia o a través de Buenos Aires; en mi caso particular hablaba a General Dheza en la provincia de Córdoba, pero en el pueblo no existían muchos teléfonos, entonces habíamos acordado con mi familia que llamaría a una familia amiga que quedaba a dos cuadras de mi casa, a la que llamaba un determinado día y avisaba que tal o cual día hablaría y ellos le avisaban a mi familia. Así se congregaban no solo los familiares, sino también algunos conocidos y amigos y terminaban siendo un montón de varones y mujeres tratando de hablar con el loco que se había ido a la Antártida. 

El sistema de radio era un enlace de comunicación que desde Petrel nos comunicábamos con la radio de General Pacheco, en Buenos Aires, de ahí la comunicación se realizaba a la ciudad de Córdoba, desde ahí se comunicaban con la central telefónica de Deheza y recién ahí al teléfono particular de la familia vecina; razón por la cual había que hablar de corrido, mencionar la palabra CAMBIO, por ejemplo: "Qué tal, cómo les va?, yo aquí estoy bien y hoy es un día muy frío pero estoy bien...CAMBIO"; cuando decía ésto los operadores tenían que conectar al que iba a hablar en Deheza,  y al desconocer el sistema mi familia, que nunca había utilizado ni siquiera un teléfono, decían "aquí bien, cambio vos...CAMBIO... aquí hace calor CAMBIO"  y los operadores se volvían locos, cuando más o menos nos habituamos al sistema de comunicaciones había pasado un año y ya me tenía que venir, o sea que la radio era nuestro medio de contacto con el continente y dependía de la propagación de la señal y del lugar geográfico.  Hubo a quien les resultó casi imposible comunicarse en todo el año, también teníamos la suerte de poder recibir cartas y encomiendas que llegaban vía Marambio y desde ahí el Twin Otter que las traía tanto a nosotros como a la Base Esperanza. 

Foto: Base Petrel 1977 - © José Luis Rincon


Lic. Dora E. Gerez:

¿Qué características sobre el clima de la Base Petrel podría usted darnos?


José Luis Rincon:


Petrel, a diferencia de otras bases u otros lugares, tiene un clima muchas veces más benévolo debido a que está a muy pocos metros por sobre el nivel del mar; no está rodeada de grandes macizos montañosos. Al Este de la base existe un glaciar, pero el mismo es más bien bajo, el único problema suele venir cuando sopla viento Norte, debido a que en la Isla Joinville, que se encuentra cruzando el estrecho Active, tiene un sistema montañoso un tanto elevado y un glaciar, por ende el viento al soplar del Norte y Petrel esar al sur, sube la montaña por el lado Norte y al bajar por el lado Sur se encuentra con el glaciar. 

Recordemos que el aire al ascender se enfría 0.8 décimas de grado cada 100 metros y al bajar es al revés, pero se encuentra con una superficie muy fría, como lo es el glaciar y por una cuestión de densidad y al volverse más liviano, se acelera y toma una velocidad bastante importante que suele soplar con mucha fuerza. En Petrel suele a veces pasar los 140 kms/h, pero en general las condiciones climáticas suelen ser diferentes a otros sectores de la Antártida. 

La mayoría de los días está nublado, en verano llovizna más de lo que nieva y a partir de marzo las nevadas son una constante, las temperaturas mínimas suelen oscilar los 30 grados bajo cero, con una sensación térmica en el orden de los 60 grados bajo cero y la máxima en verano no sobrepasa los 10 grados sobre cero; desde el mes de marzo o abril comienza a congelarse el agua del mar, para llegar a pleno invierno al congelamiento total; por ejemplo en el Estrecho Active, se puede cruzar caminando entre la Isla Dundee y Joinville; encontrándose una gran variedad de témpanos, bandejones e hielo marino que quedó atrapado y que volverá a navegar cuando comience nuevamente el deshielo de verano.

Foto: Base Petrel 1977 - ©José Luis Rincon


Lic. Dora E. Gerez:

¿Podría contarnos alguna experiencia vivida durante el año de invernada?


José Luis Rincon:

Experiencias hay muchas, como por ejemplo en las noches invernales (que son bastante largas), no nos olvidemos que en pleno invierno el sol solamente nos alumbra por un par de horas, se lo puede ver entre las 11 de la mañana y las 2 de la tarde; existe una penumbra a partir de las 9 y media de la mañana y a las 3 ó 4 de la tarde. El resto es noche, y sucede todo lo contrario en verano, que directamente no existe la noche en los meses de diciembre y enero; pero en invierno a media noche y sin luna, solo con la luz de las estrellas, si es que no está nublado, suele ser un paisaje casi fantasmagórico; solía pararme en mi lugar de observación meteorológica, que estaba a unos 200 metros de la casa principal, apagaba la linterna y en noches calmas (sin viento), aunque parezca mentira, pero con escuchar el silencio, solía pasarme un buen rato sin escuchar la nada; razón por la cual, cuando alguien dice que el silencio no se escucha, suelo pensar para mí ..."cómo se nota que esta persona nunca estuvo en la Antártida":  

También me ha pasado que en medio de esa oscuridad y ese silencio total y absoluto, ir caminando y pisar a un pingüino, el grito que suele pegar este animal es de no creer, se helaba la sangre y me quedaba quieto hasta que veía lo que había pasado. También pasa qeu hay tambores de 200 litros, algunos vacíos y otros llenos de combustible, apilados en determinados sectores de la isla y en cercanías de la casa; en medio de la noche y por un problema de contracción de los metales, la tapa del tambor suele saltar, razón por la cual, en el medio de la nada y en silencio total, suena como la explosión de una bomba, son cosas a las que uno no está acostumbrado y obviamente con el tiempo se lo hace, lo que uno no se acostumbra es a pisar pingüinos, que duermen en cualquier lugar y cada ves que lo hacía el susto me lo pegaba igual. 

Foto: Base Petrel - Dotación 1977 - © José Luis Rincon



Lic. Dora E. Gerez:

¿Qué le dejó como experiencia de vida el haber invernado en la Antártida?


José Luis Rincon:

La experiencia es maravillosa, yo vivo agradeciéndole a Dios el hecho de poder haber estado en ese lugar, de haber estado en el paraíso, si bien es mucho lo que se suele dejar en el continente, como se le llama cuando uno está en la Antártida; pero la experiencia es maravillosa, uno toma dimensión o conoce la Antártida cuando es Antártico, cuando pasa un determinado tiempo en el lugar, sin convivir con la locura con que vivimos en las grandes ciudades, en los pueblos, allí no existe la inflación, no existe la inseguridad, no existe la política, no existen los embotellamientos, no existen los piquetes, ni los cortes de rutas, tampoco existen los árboles, no existen los campos sembrados; es otro mundo, cuesta después cuando uno regresa acostumbrarse nuevamente a la cotidianidad de la vida. 

El sueño y la aspiración de todos los que van a la Antártida es que en esa porción de suelo helado flamee nuestra enseña Patria.

Foto: José Luis Rincon - Base Petrel - Dotación 1977 - ©José Luis Rincon


Nota: José Luis Rincón es Veterano de la Guerra de Malvinas y retirado de la Armada Argentina



Michas Gracias José Luis, por compartir su experiencia con los lectores del Blog

Lic. Dora E. Gerez

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